Encerrados para siempre en sus propios límites, duros como el paisaje originario de Almería, los propios límites son el destino. Ana Bisignani ha creado seres que obedecen de manera total a sus propias restricciones. Sabiamente, no nos concede tregua. Y de esa manera profundiza el cauce de este río trágico donde la moral de aldea y la dureza de sus personajes nos hacen sentir la ternura que se niegan y que raramente expresan. Esta novela de estilo lúcido y exacto, donde lo poético está siempre en el borde de la frase, nos sugiere algunas de las claves del (fructífero) desencuentro europeo y americano.